Author Archives

Los mutilados y los desaparecidos

Secuestradores en el camino migratorio asesinaron a sus dos hermanos, pero Miguel Ángel Rápalo Piñeda, de 20 años, sobrevivió. Las dos cicatrices de bala en su espalda aún son visibles, y las balas permanecen dentro de él. (Cambria Harkey)

Alice Driver | Longreads | Enero ​​2018 | 21 minutos (5,284 palabras)

AVAILABLE IN ENGLISH

“Es muy fácil desaparecer gente.” — Aracy Matus Sánchez, directora de Jesús el Buen Pastor del Pobre y el Migrante, el único albergue en México para migrantes que han sufrido mutilaciones a lo largo de la ruta del migrante.

* * *

Una boca apareció del otro lado de la rendija de seguridad que era del ancho de un puño; le siguieron unos ojos vigilantes. El migrante, cuyo cuerpo temblaba, permaneció de pie con los ojos bien abiertos y se agarraba el brazo gimiendo de dolor. ¿Qué quieres?, preguntó la voz detrás de la puerta metálica. “Yo… yo… alguien me golpeó” dijo el migrante, que parecía tener unos 25 años y se inclinaba sobre sus muslos, como si esa posición compacta lo hiciera estar más protegido.

La puerta se cerró con un sonido sútil, mientras que el migrante se balanceaba de un lado a otro para luego desplomarse estruendosamente en el suelo. El muchacho permaneció lo suficientemente rígido como para poder sentarse, aún vacilante, sobre unos escalones de cemento. Sostenía su brazo izquierdo, el cual tenía una protuberancia debajo del codo, y aunque su respiración estaba entrecortada, no derramó ni una sola lágrima. Después de varios minutos se levantó de nuevo, se dirigió a la segunda puerta que estaba a un costado del edificio y tocó tímidamente. Una vez más esperó mientras agarraba su brazo, se recargó contra la puerta, sus ojos no tenían expresión alguna. Empezó a hiperventilarse, parecía como si su respiración estuviera atrapada dentro de su pecho de ave y luchara desesperadamente por escapar. La puerta seguía cerrada. El muchacho dirigió su mirada a sus pies llenos de lodo, sus dedos se desbordaban sobre un par de chancletas muy delgadas.

La puerta se abrió brevemente y otra vez se pudo escuchar a aquella voz indiferente preguntar al muchacho por qué estaba ahí. Finalmente, cuando la puerta se abrió lo suficiente, el migrante entró en una oficina y se tumbó sobre el sillón más cercano. El hombre que cuidaba la puerta desapareció, y en su lugar apareció una mujer que miró al muchacho y le preguntó: “¿Tienes hambre? Puedes ir con los demás a desayunar” La mujer no parecía notar el estado de shock en el que el joven se encontraba. Después de unos segundos él respondió con un tartamudeo “S..ss..ssí”, y ella señaló el camino hacia el comedor del albergue para migrantes Jesús el Buen Pastor del Pobre y el Migrante, el único albergue en México para migrantes que han sufrido mutilaciones a lo largo de la ruta del migrante. Read more…

Father of Migrants

Father Javier, who has directed the migrant shelter in Juárez for seven years, sits in his office among his books. Photos by Itzel Aguilera.

Alice Driver | Longreads | June 2017 | 22 minutes (5,698 words)

LEER EN ESPAÑOL

“What good is a border without a people willing to break it wide open?”
— Hanif Willis-Abdurraqib, quote from live storytelling at California Sunday Popup in Austin, Texas on March 4, 2017

* * *

On the edge of the promised land dust storms rise out of the desert, obscuring everything, even the migrants waiting at the gate in front of a complex surrounded by a chain-linked fence topped by barbed wire. But Father Javier Calvillo Salazar is from Juárez, Mexico and he is used to it all, and to those who arrive after what is sometimes thousands of miles and hundreds of days with a collection of scars, broken bones, and missing limbs to match the inhumanity encountered along the way. They arrive weeping, they arrive stony-faced, they arrive pregnant, they arrive with venereal diseases—sometimes they arrive telling García Márquez-esqe stories of witnessing a crocodile eat a newborn baby in one swift bite.

Nicole was delivered at a hospital into the arms of her mother, Ana Lizbeth Bonía, 28, who arrived at the shelter in Juárez after spending nine months traveling north from Comayagua, Honduras. She showed up at the migrant shelter Casa del Migrante Diócesis de Ciudad Juárez with her husband Luis Orlando Rubí, 23, and her underweight son, José Luis, 2, who had saucer-like eyes that glistened with emotion. Ana, who had grown up selling vegetables in the street since the age of 4, had never finished elementary school.

The migrant shelter in Juárez is so close to El Paso, Texas that migrants feel the bittersweet pull of land they can see but likely never legally inhabit. The shelter has 120 beds for men, 60 for women, 20 for families, and one separate area where transgender migrants can stay if they choose. Most migrants who arrive at the shelter are single men, and in interviews migrants mentioned that President Trump’s threat of separating women from their children had led to a decrease in migration by those groups. Each migrant is initially limited to a three-day stay, but they can extend that time depending on their condition, as in the case of Ana, who needed time to rest and recuperate after giving birth to Nicole. Read more…

El Padre de Los Migrantes

El Padre Javier, director del albergue en Juárez durante los últimos siete años, sentado en su oficina entre pilas de libros. Fotos de Itzel Aguilera.

Alice Driver | Longreads | Junio ​​2017 | 22 minutos (5,698 palabras)

READ IN ENGLISH

“¿Qué tan buena es una frontera si no hay gente dispuesta a abrirla de par en par?”
— Hanif Willis Abdurraqib *cita del relato en vivo en el “California Sunday Popup” en Austin, Texas, 4 de marzo de 2017

* * *

A la orilla de la tierra prometida se levantan tormentas de polvo provenientes del desierto obscureciéndolo todo, incluso los migrantes tienen que esperar frente a un complejo rodeado por una valla metálica coronada por alambre de púas. Pero el Padre Javier Calvillo Salazar es oriundo de Ciudad Juárez, México, y está acostumbrado a todo esto, así como a todos aquellos que llegan después de una jornada en la que bien pudieron haber transcurrido miles de kilómetros y cientos de días, casi todos llegan cubiertos de cicatrices, con huesos rotos o sin alguno de sus miembros, con heridas que dejan en evidencia la falta de humanidad que se encuentra a lo largo del camino. Son personas que llegan llorando, con rostros endurecidos, con embarazos, con enfermedades venéreas y hasta con historias que remiten a las de Gabriel García Márquez, en las que cuentan haber visto con sus propios ojos a un cocodrilo devorar a un recién nacido de una sola y tajante mordida.

Nicole fue entregada en los brazos de su madre, Ana Lizbeth Bonía de 28 años, en un hospital de la frontera norte de México. Después de una travesía de 9 meses, que inició en Comayagua, Honduras, Ana Lizbeth llegó al albergue de migrantes Casa del Migrante Diócesis de Juárez con su esposo Luis Orlando de 23 años, y su desnutrido hijo José Luis de 2 años, que tenía unos ojos redondos como platos que brillaban con emoción. Ana nunca terminó la primaria, y pasó su niñez en las calles, vendiendo verduras desde los 4 años.

El albergue para migrantes en Juárez está tan cerca de El Paso, Texas, que los migrantes sienten el agridulce llamado de una tierra que pueden ver pero en la que difícilmente pueden vivir de manera legal. El albergue cuenta con 120 camas para hombres, 60 para mujeres, 20 para familias, así como con un área aparte en donde los migrantes transgénero pueden quedarse si así lo desean. La mayoría de los migrantes que llegan son hombres solteros, y durante las entrevistas realizadas ellos mencionaron que la amenaza del presidente Trump de separar a los niños de sus madres ha provocado una caída en la migración de estos grupos. Inicialmente, cada migrante tiene permitida una estancia no mayor a tres días, pero pueden quedarse más tiempo dependiendo de su condición, como es el caso de Ana, que necesitaba tiempo para descansar y recuperarse después de haber dado a luz a Nicole. Read more…