Los mutilados y los desaparecidos

Alice Driver | Longreads | Enero 2018 | 21 minutos (5,284 palabras)
“Es muy fácil desaparecer gente.” — Aracy Matus Sánchez, directora de Jesús el Buen Pastor del Pobre y el Migrante, el único albergue en México para migrantes que han sufrido mutilaciones a lo largo de la ruta del migrante.
* * *
Una boca apareció del otro lado de la rendija de seguridad que era del ancho de un puño; le siguieron unos ojos vigilantes. El migrante, cuyo cuerpo temblaba, permaneció de pie con los ojos bien abiertos y se agarraba el brazo gimiendo de dolor. ¿Qué quieres?, preguntó la voz detrás de la puerta metálica. “Yo… yo… alguien me golpeó” dijo el migrante, que parecía tener unos 25 años y se inclinaba sobre sus muslos, como si esa posición compacta lo hiciera estar más protegido.
La puerta se cerró con un sonido sútil, mientras que el migrante se balanceaba de un lado a otro para luego desplomarse estruendosamente en el suelo. El muchacho permaneció lo suficientemente rígido como para poder sentarse, aún vacilante, sobre unos escalones de cemento. Sostenía su brazo izquierdo, el cual tenía una protuberancia debajo del codo, y aunque su respiración estaba entrecortada, no derramó ni una sola lágrima. Después de varios minutos se levantó de nuevo, se dirigió a la segunda puerta que estaba a un costado del edificio y tocó tímidamente. Una vez más esperó mientras agarraba su brazo, se recargó contra la puerta, sus ojos no tenían expresión alguna. Empezó a hiperventilarse, parecía como si su respiración estuviera atrapada dentro de su pecho de ave y luchara desesperadamente por escapar. La puerta seguía cerrada. El muchacho dirigió su mirada a sus pies llenos de lodo, sus dedos se desbordaban sobre un par de chancletas muy delgadas.
La puerta se abrió brevemente y otra vez se pudo escuchar a aquella voz indiferente preguntar al muchacho por qué estaba ahí. Finalmente, cuando la puerta se abrió lo suficiente, el migrante entró en una oficina y se tumbó sobre el sillón más cercano. El hombre que cuidaba la puerta desapareció, y en su lugar apareció una mujer que miró al muchacho y le preguntó: “¿Tienes hambre? Puedes ir con los demás a desayunar” La mujer no parecía notar el estado de shock en el que el joven se encontraba. Después de unos segundos él respondió con un tartamudeo “S..ss..ssí”, y ella señaló el camino hacia el comedor del albergue para migrantes Jesús el Buen Pastor del Pobre y el Migrante, el único albergue en México para migrantes que han sufrido mutilaciones a lo largo de la ruta del migrante. Read more…
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